Camila Herrera, académica de la USACH propone entender el ciclo menstrual como un "signo vital" de la salud integral
Se trata de la docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura, quien destaca la necesidad de trascender la visión puramente reproductiva de la menstruación para entenderla como un indicador clave del bienestar general del cuerpo humano.
Herrera plantea que el inicio de la menstruación debe considerarse un "signo vital", ya que funciona como un espejo que refleja la interacción de los sistemas endocrino, inmune, nervioso y metabólico. Cambios en el ciclo pueden ser señales tempranas de estrés, inflamación o problemas de salud mental, por lo que debe observarse clínicamente más allá del deseo reproductivo.
En este sentido, la matrona explica que existe una relación bidireccional donde la microbiota (intestinal y vaginal) participa en el metabolismo de estrógenos y la respuesta inmune,. Un desequilibrio en estas bacterias (disbiosis) puede manifestarse en un síndrome premenstrual más intenso, fatiga o cambios emocionales.
Por otro lado, factores como el estrés sostenido pueden alterar simultáneamente el cortisol, la inflamación y la ovulación. La académica resalta que el sueño es fundamental para los ritmos hormonales y que, si bien la alimentación es clave para la microbiota, se debe evitar un discurso que culpe al individuo, reconociendo que la salud depende también de las condiciones sociales y de estrés constante en que viven las personas.
A juicio de Herrera, la entrega de información científica actualizada es vital para combatir la normalización del dolor y la vergüenza. “La conversación sobre salud menstrual debe incluir hoy temas como salud mental, inflamación y calidad de vida, permitiendo a las personas tomar decisiones informadas y con mayor autonomía.
En el marco de la próxima Jornada de Actualización en Salud Menstrual, Herrera invita a comunidades educativas y al público general a repensar el cuerpo como una red integrada y no como sistemas aislados. “El objetivo es generar un espacio basado en evidencia que entregue herramientas concretas para el autocuidado y el acompañamiento”, cuenta.
Esta perspectiva busca transformar la educación y la atención en salud, promoviendo una escucha activa del cuerpo y derribando mitos históricos sobre el ciclo menstrual.
Herrera enfatiza que la Educación Sexual Integral (ESI) es una herramienta fundamental para combatir la desinformación que aún rodea al ciclo menstrual. La experta señala que, ante la ausencia de datos científicos claros, se tiende a la normalización del dolor y a perpetuar sentimientos de vergüenza, lo que impide una relación sana con el propio cuerpo. Al integrar conocimientos sobre la interacción entre la microbiota y las hormonas, la ESI permite que las personas dejen de considerar ciertos malestares como "normales" y comiencen a tomar decisiones basadas en la autonomía y el autocuidado crítico.
Finalmente, la académica subraya que el bienestar no debe entenderse como una responsabilidad puramente individual, advirtiendo contra los discursos que culpabilizan a las personas por su estado de salud. Herrera sostiene que el ciclo es un reflejo de las condiciones sociales y el estrés constante del entorno, factores que impactan directamente en la inflamación y la regulación metabólica de las personas menstruantes. Por ello, la propuesta de la jornada es observar el cuerpo como una red integrada, donde el sueño, la salud mental y la alimentación se entrelazan para definir la calidad de vida cotidiana más allá de la función reproductiva.















