Educación Sexual Integral en Chile: Un hito para fortalecer el bienestar y el diálogo en las comunidades educativas

En el marco de la primera conmemoración del Día de la Educación Sexual Integral (ESI) celebrado este 13 de mayo, la académica de la Escuela de Obstetricia y Puericultura, Lorena Ramírez, y Ruth Oñate, Matrona Programa de Docencia, Investigación y Vinculación de salud integral de adolescentes, Rucahueche-USACH, analizan el impacto de este hito y los desafíos pendientes en materia legislativa e implementación escolar.

La instauración del primer Día de la Educación Sexual Integral (ESI) en Chile marca un precedente tanto político como formativo para el sistema escolar. Según las académicas del Programa Rucahueche-USACH, Ruth Oñate y Lorena Ramírez, este hito no es solo una efeméride, sino un reconocimiento formal de que la sexualidad es un componente intrínseco del desarrollo humano que debe ser abordado desde la formación institucional.

Para las expertas, establecer una fecha específica permite otorgar visibilidad a una temática que históricamente ha sido tratada de forma desigual en el país. Al respecto, subrayan que la ESI no debe ser vista como una respuesta ante crisis, sino como un proceso formativo constante.

“La educación sexual es un derecho, debe ser anticipatoria y no meramente reactiva. No basta con intervenir ante situaciones críticas como la violencia o el abuso; es indispensable educar con anterioridad, continuidad y pertinencia”, señalan las académicas.

Uno de los aspectos más relevantes de esta conmemoración es su ubicación simbólica entre el Día del Estudiante y el Día de las Familias. Esta conexión busca derribar el mito de que la educación sexual es un terreno en disputa entre ambas instituciones. Por el contrario, se plantea como una responsabilidad compartida que pone al estudiante en el centro.

En un contexto donde niños y adolescentes acceden a información sin filtros a través de redes sociales y contenidos digitales, la ESI surge como un marco de protección. Según explican las académicas, el objetivo es construir acuerdos básicos basados en el cuidado y no en el temor, permitiendo que las familias cuenten con herramientas para acompañar el desarrollo de sus hijos. “La pregunta no es si van a recibir información, sino desde dónde, con qué calidad y con qué acompañamiento adulto. La ESI puede ser un punto de encuentro porque permite abrir conversaciones desde el cuidado”, destacan.

A pesar de los avances en la conversación pública, la implementación de una política robusta sigue siendo la principal tarea pendiente. Actualmente, se tramita en el Congreso el Boletín N° 17025-04 para promover la ESI en el sistema escolar, con un fuerte foco en la prevención del abuso sexual infantil. No obstante, las académicas advierten que la política no debe agotarse en la prevención de riesgos.

Para Oñate y Ramírez, una verdadera educación integral debe abordar dimensiones afectivas, de género, derechos y seguridad personal, además de responder a fenómenos contemporáneos como la violencia digital y el acceso temprano a la pornografía. “Chile requiere una política más robusta, obligatoria, progresiva, financiada y acompañada de formación docente sistemática”, enfatizan como requisito para un impacto real en la sociedad.

Finalmente, las expertas en educación sexual integral proponen que para fortalecer este proceso es vital la transparencia sobre los contenidos de la ESI y la escucha activa de los estudiantes. El diálogo se fortalece cuando se reconoce que la escuela y las familias son aliadas en la tarea de acompañar el desarrollo de las infancias y juventudes con información confiable y respeto.

 

 

Viernes, Mayo 15, 2026