Titulada de Enfermería participa en la creación de Unidad del Dolor en Hospital de la Florida

Una profunda vocación pública, junto con un genuino cariño y respeto hacia su Alma Mater, han marcado la trayectoria profesional y personal de Natalia Durán, destacada egresada de la Casa de Estudios. Manteniendo vivo su sello social, hace dos años fue una de las impulsoras de la conformación de la Unidad del Dolor del Hospital Clínico La Florida, donde está a cargo de la coordinación del alivio de dolor y cuidados paliativos en pacientes oncológicos.

Natalia Durán (32), titulada de Enfermería en la Universidad de Santiago de Chile, es usachina de corazón. Un solo ejemplo: se casó por el civil en una Sala de la Facultad de Ciencias Médicas. Uno de los momentos más significativos de su vida, necesitaba contar con un lugar acorde a las circunstancias.

La profesional ingresó a la Universidad el año 2004. Su hermana lo había hecho anteriormente, al estudiar Ingeniería Civil en Informática, por lo que incorporarse al plantel se constituyó como una meta personal. “La Universidad de Santiago era mi norte”, asegura.

En la actualidad, lleva 10 años ejerciendo como enfermera, con un fuerte sello en el sistema público. Realizó su internado el año 2008, en el Instituto Nacional de Cáncer. Específicamente, en cuidados paliativos, área donde se ha especializado hasta el día de hoy.

Su compromiso con el área la llevó a ser una de las impulsoras de la Unidad del Dolor en el Hospital Clínico La Florida, donde está a cargo de la coordinación del alivio de dolor y cuidados paliativos en pacientes oncológicos.

La población era tan grande, asegura, que el recinto se vio obligado a implementar la Unidad. Ahí es donde contactan a la Dra. Marisol Ahumada, presidenta de la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor, quien lidera la iniciativa.

En la Unidad empezaron desde cero, ya que antes era el Hospital Sótero del Río el encargado de los pacientes de Puente Alto y La Florida. “Partimos con 30 pacientes y ahora van en 350 más o menos”, enfatiza.

Enseñanza de excelencia

Durán declara que siempre pensó en estudiar una carrera relacionada con la Salud, como Enfermería. “Al principio quería solo estudiar, porque tenía la presión de entrar sí o sí, pero después me enamoré de la carrera y fui entendiendo lo que realmente significa”.

“Mis profesores siempre decían: Enfermería es la ciencia y el arte del cuidar, pero si le tuviera que agregar algo mío sería: la oportunidad que uno tiene de entregar cuidado a las personas que más lo necesitan”, recalca.

Este sello lo ha plasmado en los pacientes oncológicos a los cuales trata. En este sentido, la profesional agradece la formación que le entregó la Escuela de Enfermería. Las prácticas, las clases, el mismo trato que las profesoras tenían, le enseñaron a forjar el vínculo con sus pacientes.

A su juicio, es clave “el ser empático, más que ponerte en el lugar del otro (…). Tratar de entenderlo, comprenderlo, ser cercano, cariñoso con los pacientes, es fundamental, porque ya tienen suficiente con la enfermedad”.

Más que una Casa de Estudios: un hogar

La Casa de Estudios es muy especial para Durán. No solo constituye su lugar de formación profesional, sino que está muy ligada con su vida personal y matrimonial.

“Yo entro en la Universidad y es como mi casa”, expresa Natalia. No es para menos, ya que la egresada se casó en la Facultad de Ciencias Médicas del plantel. “Nos conseguimos permiso con la jefa de carrera, en ese momento Marta Maturana. Sacamos hora en el Registro Civil de Obispo Umaña, nos la dieron y el juez fue a la Universidad, como si fuera a tu casa”, señala orgullosa.

Su esposo también es egresado de la Escuela de Enfermería, por lo que contraer matrimonio en el lugar donde se formaron tiene un peso emocional muy grande. “Nos conocimos, estudiamos y nos casamos en la Universidad de Santiago: fue como cerrar un círculo. Ha sido la experiencia más bonita”, agrega.

Situación de salud en Chile

El sistema de salud público en Chile siempre está sujeto a diversos cuestionamientos. La profesional cuenta que le ha tocado estar en las dos caras de la moneda, tanto en el sistema público como en el privado. “Es cierto que hay carencias, pero uno se las arregla para poder satisfacer esa necesidad”, hablando desde su área oncológica.

“La parte de oncología es como la excepción a la regla, porque el paciente es distinto, los profesionales que nos vamos a esa área, tenemos que tener un tacto y una empatía distinta con el paciente, ahí no pueden haber listas de espera, no pueden faltar recursos o que no hayan insumos, tiene que haber siempre”, enfatiza.

A pesar de que el área oncológica debería estar con todas sus necesidades cubiertas, esto no siempre es así. Durán expresa que “no a todos los hospitales, siendo un programa AUGE, les llegan todos los medicamentos, implementos o personal que debiera tener una unidad para poder funcionar en un 100%”.

Medicina tradicional china

Este año, la profesional comenzó un Diplomado en Medicina China y Acupuntura para complementar sus conocimientos sobre salud. Ahora, observa a sus pacientes de manera integral. “Estoy viendo a un paciente con hepatocarcinoma - cáncer de hígado-  y tenía problemas a la vista. Para la medicina tradicional china, el hígado es un órgano que se expresa a través de los ojos. Si el hígado está mal, los ojos van a tener problemas”, explica.

“El médico con formación occidental ve el riñón, otro especialista ve el pie diabético. En cambio, la medicina oriental ve que una persona que tiene un riñón complicado, provoca que tenga problemas con su irrigación sanguínea y eso hace que afecte a otros órganos”, ejemplifica.

Medicina y kung fu

El esposo de Natalia hace kung fu, y en conjunto tienen una escuela en Maipú, “Siu Lam Choy Lay Fut” Las Parcelas. Actualmente, ambos trabajan en labores de Enfermería y paralelamente atienden la Escuela. Sin embargo, a futuro sus intenciones son trabajar de lleno en ese emprendimiento, poniendo a disposición sus conocimientos en salud y las técnicas del arte marcial oriental.

Finalmente, Natalia efectúa una invitación a la comunidad de egresadas y egresados a mantener vivo el vínculo con la Casa de Estudios a través de la Fundación de Egresados y Amigos (Fudea), donde ella es socia. “Tener la oportunidad de volver a la Universidad es como renacer y llenarte de energía al recordar tus valores. Siempre es bueno mirar de donde uno viene, las raíces. Yo me sentí bien al volver. Me voy con el espíritu lleno”, concluye.

 

Por Sofía Méndez

Autor: 
eli.tiraferri